Tu tranquilidad infinita apacigua el tormento. La tibieza de tu mano en mi rostro derruído, como una diáfana brisa en las tardes de verano, lleva los nubarrones que ciegan mi vista. La paz que se respira en el silencio, acompañada de la placidez de tu voz, de colores calmos y tus palabras de tonos pastel. La serenidad de tu mirada se vuelve mi analgesia y la respiración de tu pecho femenino, ritmo de la calma del mío.
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Alegría. Como rayos de tu luz etérea. y a tus ojos estelares parezco un niño. y mi infantilidad se funde en el éter de tu luz alegre. Y las estrellas sonríen con tu alegría nocturna y mi nudismo espiritual. Ahora todo es risa, inocencia, tranquilidad....
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Ahora tu mirada de niña pequeña se vuelve una caricia tierna. En la calidez de tu piel de algodón y almíbar se adormece mi lamento solitario, quedando olvidado en un rincón, mientras tu mano infantil se enreda en la rudeza rústica de la mía Y así me duermo en el arrullo de tu abrazo, como si hubiese encontrado la felicidad de mi pecho fetal... |