Mis pies avanzan con pesar. La sombra nocturna regala generosa su tiniebla indolente. Y la Luna, en su balcón rocía al mundo con su suave luz de agua y hielo. El ruido de al gente diurna se ha hecho silencio, mientras camino entre luces amarillentas y flojas. Y mientras camino la gente pasa. Yo camino entre la gente, entre empujones y esquivas, entre la lluvia selena y el lamento insonoro. Soy sólo uno entre el tumulto. Uno entre el bullicio. Un anónimo. Uno entre las caras sin rostro. Y desde la distancia, a través de la gente, Tu voz de color sedoso y terciopelo, logra acariciar mi faz sin modelar. Y tu palabra me dibuja unas orejas. Ahora puedo escucharte. Y de tanto escucharte se me pasa el tiempo. Y quiero seguir escuchándote. Empiezo a seguir tu voz entre las masas. Y avanzo, entre los codazos y la indiferencia. Con el cuerpo magullado alcanzo a llegar frente a ti. Y sigo escuchándote, mientras te miro con mis ojos inexistentes. Ahora es cuando tu majestuosa mirada me alcanza. Y tus ojos de interminable dulzura me sobrecogen. Con la ternura de tu mirada doblegas al ejército de emociones que batallan en mi pecho, Mientras dibujas en mi cara en blanco un par de ojos. Ahora puedo mirarte. Y de tanto mirarte se me va el tiempo. Y ahora que puedo mirarte y escucharte, quiero besarte, hablarte y que me escuches. Pero no tengo boca. Y en mi cara sólo ves mi mirada vacilante. Mi mudez se hace una con la gente nocturna. Soy uno entre la gente nocturna y el silencio. Y me pierdo. Me alejo sin querer, mientras me mezclo entre la gente, y el ruido callado de su individualidad colectiva. Soy silencio y ruido cunado no quiero. Me gustaría tener boca. Me gustaría que tu me dibujaras un boca... |